3 de mayo, Día Mundial del Asma

Según la Organización Mundial de la Salud, el objetivo de conmemorar este día es sensibilizar a la población sobre la necesidad de cuidar las vías respiratorias. Para ello se ha adoptado el lema ‘Nunca demasiado pronto, nunca demasiado tarde’. El asma es una enfermedad crónica que la  padecen el 5% de los adultos y es más prevalente en mujeres que en hombres (dos de cada tres asmáticos son mujeres).

 

Esta cifra se incrementa en el caso de los niños, llegando a afectar hasta a un 10% de la población infantil. Asimismo, se trata de la cuarta causa de ausentismo laboral y la primera de ausencia escolar, por delante de cualquier otra enfermedad crónica. Con la llegada de la primavera, se incrementa el número de casos de asma alérgica, debido a alérgenos ambientales como el polen. Entre los factores externos que pueden desencadenar los síntomas del asma se encuentran alérgenos como el polvo, los hongos, el pelo animal y los pólenes. Otros inductores de la enfermedad son irritantes como el humo del tabaco, la contaminación atmosférica, los barnices, aerosoles y productos de limpieza. Por último, los cambios climáticos, las emociones y el estrés también pueden inducir el asma.

 

El primer paso para hacer frente al asma es hacer un diagnóstico correcto, ya que hay muchos asmáticos que desconocen que padecen esta enfermedad y relacionan sus síntomas con otras muchas causas como alergia, catarros o la ansiedad. Si el paciente no está diagnosticado no puede llevar un tratamiento adecuado ni es capaz de reconocer ni tratar sus desencadenantes. Aunque la enfermedad aparentemente es fácil de diagnosticar, existen pacientes con asma que no están identificados y otros diagnosticados de asma que no padecen esta enfermedad. Cerca de un 2 por ciento de los ingresos en hospitales es producido por crisis asmáticas y un 80% de éstos son evitables con un tratamiento adecuado. De ahí la importancia de tomar conciencia de esta enfermedad y sensibilizar sobre la correcta adherencia al tratamiento y su control.

 

DIAGNÓSTICOLo más importante para diagnosticar el asma es identificar los síntomas que se producen, como la tos seca y pertinaz que se presenta por las mañanas, durante el ejercicio, la risa y/o el llanto; la sensación de opresión (tirantez torácica) en el pecho que impide respirar, los silbidos en el pecho ocasionales o persistentes o la falta de aire al correr o que despierta de madrugada. Para hacer un diagnóstico completo, el médico preguntará por esos síntomas, además de por la frecuencia e intensidad con que se manifiestan. Obtendrá también datos familiares, las cuestiones laborales y tóxicas, posibles alergias, etc. Además, se realizará una espirometría y un estudio alergológico frente a los neumoalérgenos más habituales (ácaros del polvo doméstico, epitelios de animales, pólenes y hongos). Una vez diagnosticada la enfermedad, es necesario tratarla. Primero, procurando no estar en contacto con las causas que lo producen, generalmente de naturaleza alérgica (ácaros del polvo, animales de compañía, perros, gatos, pólenes, hongos), también las infecciones virales o bacterianas. En segundo lugar, administrando fármacos antiinflamatorios inhalados y con la ayuda de broncodilatadores inhalados, ya que estos facilitan el paso del aire.